julio 2, 2026

Del rock al tango: Daniel Melingo, el músico que hizo de la reinvención un sello de toda una vida

MELINGOESTADO

La música argentina atraviesa días de profundo dolor tras la muerte de Daniel Melingo a los 68 años. Dueño de una personalidad artística irrepetible, fue uno de los protagonistas de la renovación del rock nacional durante los años ochenta y, décadas más tarde, logró convertirse en una de las voces más originales del tango contemporáneo. Su recorrido estuvo marcado por la experimentación, el riesgo y una búsqueda constante que nunca aceptó los límites de un solo género.

Nacido el 22 de septiembre de 1957 en el barrio porteño de Parque Patricios, Melingo comenzó su formación musical desde muy joven. Multiinstrumentista, compositor y cantante, encontró rápidamente un lugar dentro de la escena que transformaría para siempre al rock argentino. Integró la nueva formación de Los Abuelos de la Nada, compartiendo escenario con músicos que luego serían referentes de toda una generación. Poco tiempo después fundó Los Twist junto a Pipo Cipolatti, una banda que rompió con los moldes tradicionales del rock a través del humor, la sátira, la ironía y una estética provocadora.

Canciones como Pensé que se trataba de cieguitos o Cleopatra, la reina del twist se convirtieron en himnos de una época marcada por el regreso de la democracia. Mientras muchos grupos optaban por un discurso solemne, Los Twist eligieron la irreverencia como forma de expresión, conquistando rápidamente un lugar entre las bandas más representativas de los años ochenta.

Su talento también lo llevó a colaborar con grandes figuras de la música latinoamericana. Compartió proyectos con Charly García, Andrés Calamaro, Fito Páez, León Gieco y el brasileño Milton Nascimento, entre otros artistas, consolidando una carrera tan diversa como inquieta.

Pero cuando parecía haber encontrado un lugar definitivo dentro del rock, Melingo volvió a sorprender. A fines de los años noventa inició un camino que cambiaría por completo su identidad artística: se sumergió en el universo del tango. Lejos de imitar a los grandes cantores tradicionales, construyó un lenguaje propio. Su voz rasposa, sus interpretaciones teatrales y una puesta en escena cargada de personajes nocturnos y marginales dieron origen a una estética única que renovó el género sin perder el vínculo con sus raíces.
Álbumes como Tangos Bajos, Santa Milonga, Maldito Tango, Corazón & Hueso y Linyera recibieron el reconocimiento de la crítica nacional e internacional. Sus giras por Europa y América Latina lo posicionaron como uno de los principales exponentes del tango del siglo XXI, capaz de acercar el género a nuevos públicos sin renunciar a su esencia.

Su vínculo con la cultura popular argentina también quedó plasmado en su homenaje a El Eternauta, la emblemática historieta creada por Héctor Germán Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López. A través de su canción dedicada a la obra, Melingo recuperó la figura de Juan Salvo, el héroe colectivo que enfrenta la adversidad sin renunciar a la solidaridad y la resistencia, valores que convirtieron a El Eternauta en una de las creaciones más trascendentes de la literatura gráfica argentina.

Además de su faceta musical, desarrolló una intensa actividad como actor y compositor para teatro y cine. Su universo creativo siempre estuvo atravesado por personajes de los márgenes, historias urbanas y una profunda sensibilidad poética que hizo de cada presentación una experiencia distinta.

Durante los últimos meses atravesó una delicada enfermedad respiratoria que obligó a suspender parte de su actividad artística. Aun así, continuó ligado a la música y trabajando en nuevos proyectos hasta que su estado de salud se agravó. Su fallecimiento generó un inmediato reconocimiento por parte de músicos, periodistas, instituciones culturales y miles de seguidores, quienes destacaron su enorme aporte a la cultura argentina.
Daniel Melingo deja una obra imposible de encasillar. Fue protagonista de la explosión del rock nacional, renovador del tango y un creador que nunca dejó de desafiar las convenciones. Su legado demuestra que la música puede reinventarse sin perder identidad y que el arte encuentra su mayor fuerza cuando se anima a recorrer caminos inesperados.

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